En la YPF.

El viejo entra temprano a ver un partido en la YPF, compra una medialuna con las monedas que saca del bolsillo, las cuenta en la mesa, la come despacio, siente los pedazos meterse en los agujeros de la boca, entre los dientes y las encías, y la deglute de a poco.

Más cerca del mediodía el viejo compra otra medialuna y un café con leche, se cambia de mesa, y ve la novela con la cajera que acaba de entrar al turno y que sabe que se llama Gabriela. Toma el café despacio, lo hace durar horas, y a la medialuna la pellizca casi hasta comer los átomos de ella. Mira una, dos, tres novelas. Sabe lo que pasa en la Brasilera, no entiende la Argentina, y la Peruana lo aburre.

A las cuatro de la tarde el viejo despide a Gabriela casi sin hablar porque ella no suele hablarle a el y agachando un poco la boina la ve cruzarse a esperar el colectivo que la lleva seguramente a su casa, con una familia, con un perro, con unas plantas.

A las seis de la tarde le quedan tres pesos, y cada media luna sale un peso con cincuenta. Compra una más y la come como la de la mañana, mientras ve el noticiero con el cajero con el que, cuando no toca un día pesado de trabajo o se olvida los auriculares en casa, hablan de football o algún otro deporte.

Cerca de las nueve la YPF cierra, y el cajero le vende la última medialuna mientras apaga el tele en el que comienza un programa de entretenimientos que al viejo le gusta porque pasan minas en tetas. Lo ve hasta que puede, pellizcando nuevamente la medialuna.

Se va a afuera, ve desde detrás de los vidrios que se empañan con la respiración, y se queda masticando hasta que se apagan todas las luces.

Saluda a los demás trabajadores que se quedan durante la noche y les dice que esta apurado y que tiene que irse, y que lo disculpen por no poder charlar esa noche, aunque casi nunca charla con ellos.

Llega a su casa, se saca los zapatos, sin lavarse los dientes, con el gusto de las medialunas que tanto le gustan se va a la cama y se queda en un silencio marrón sepia, suspirando hasta que se duerme, olvidándose de prender la tele y aunque sea temprano, porque, el viejo, a la mañana, entra temprano a ver algún partido a la YPF.

Patricio Ruiz. 

No hay comentarios: