
Los de la puerta marrón de la calle Maipú al novecientos van a ver las manchas en la vereda mañana temprano: saliva amontonada disecándose al sol. Y no van a saber que fui yo el que escupió.
No van a saber que pasé caminando por la puerta, ni van a saber que me quede viendo la luna parecida a una uña mal comida desde la pirca de su casa.
No van a saber que me enamoré en su entrada, que tuve frío y mentí por miedo. Que perseguí a una gata peluda hasta un árbol ciego en el que se metió y no salió. Que hundí mi cabeza y me fijé entre las ramas, no había gata ni pelo. Solamente un nido de ranas.
Que no había felino viejo sino que yo maullaba para mantenerlos despiertos.
Que no había parca ni luz mala; que mi capucha y una linterna pueden mucho más que eso.
Que me dio lástima un cretino que tienen por vecino, y hasta lo saludé con una sonrisa.
Nunca se van a enterar que me salgo de mi cama caliente, que me subo en mis dos pies ydesvalijo mi artificio justo delante de su puerta y que cuando grito como chancho con cadenas, según dicen que es mi andar, es para que se mantengan alerta. Que por momentos les susurro en la ventana con persianas blancas, que les cuento sobre el mundo y el tiempo, que me arranco unas cuantas flores del pecho y se las dejo adornando la entrada. Y no se molestan en pensar, más bien es un milagro, esas flores no existen: solamente yo las conozco y no saben, los de Maipú al novecientos, que soy yo el que se las va dejando. Les dejo esas flores tan azules que sangran algo parecido a la tinta y cuando la más pequeña de la familia las recoge le mancha el vestido, por lo general blanco, que lleva puesto los domingos y llora porque lo azul que se pone violáceo y luego rojo y sabe que no le va a salir más, porque hace eternidades que surto de flores a los que viven ahí.
No van a saber que los fantasmas no existen. Que los vidrios los rompo yo con un martillo y que las voces roncas son mis coplas sobre las anteriores noches sentado ahí.
Mañana cuando vean su arbolito acostado sobre el piso van a pensar en el temporal y no van a saber que después de un buen rato las ranas cantaban tan alto que me aturdieron, que metí la cabeza por entre los agujeros de la copa e ignorando mi pedido de silencio tuve que subirme a matarlas, que fue una verdadera pelea, que las hojas no resistieron y que la gata precipitó pelada tronco abajo entre distintos verdes, que me dejó un ardor en el brazo izquierdo con forma de cruz.
Cuando el padre se ponga el saco azul y se peine el bigote y escuché el asco contenido, por su esposa o alguna de sus hijas, va a ver el amontonamiento de saliva pero no va a saber que fui yo el que la escupió.
Patricio Ruiz.
1 comentario:
Me gusta, pero MUCHO.
No voy a poder asistir el viernes pero queria primero leerte, y después dejarte mis felicitaciones y un gran abrazo.
Flor (Guión)
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