Beatriz.

Los hechos enumerados no están claros, simplemente son rumores de aquel Sábado al mediodía.

Cuando salió de su casa por Nogoyá ya no tenía pelo.

Estaba totalmente calva.

Cuando cruzó Bolivia ya no tenía uñas, su piel empalidecía, casi al punto de llegar a ser transparente. En el quiosco de la esquina posterior pidió unos Camel Box y negaron con la cabeza a través de la reja, porque no tenían Camel ni ningún otro cigarrillo Box. Sin rulos ni orejas, ni dedos en las manos, siguió en dirección a las vías. Cuando las cruzo no tenía ya brazos ni dientes y antes de llegar a Nazca su cabeza no existía.

Con lo poco que le quedaba de pies empujó su carne y a unos metros del quiosco de Nazca y Nogoyá sus piernas se fueron y los testigos cuentan que cayó haciendo un ruido monstruoso que no se puede reproducir con la caída de ningún otro objeto o ser vivo.

Esa es la historia del torso encontrado en la avenida Nazca al que luego identificaron como una tal Beatriz de treinta y tantos años.

Patricio M. Ruiz.

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