El invierno disfrazado de otoño,
vos dibujado en un cuaderno viejo,
yo soplando las velitas de algún cumpleaños al que no fuiste,
la vieja de arriba gritando bingo con sus amigas,
el reloj naranja de la cocina que se para siempre a las tres y media,
la heladera con verdura achicharrada por el tiempo y el frío,
la música tan baja que no se sabe quien canta,
aquellos suspirando el polvo de los libros románticos,
la película sin que nadie la vea,
el sillón lleno de manchas amarillas,
la comida en la mesa, sin plato, sobre el mantel,
la esquina perdida en la neblina,
el otro durmiendo tranquilo en su cama,
la mierda acumulandose en el baño,
el vidette tranformandose en revistero,
mis viejos tan lejos que no se darían cuenta aunque se lo gritara desde acá,
los peces pescados,
el agua sucia y en un pozo,
la muerta naciendo de nuevo,
la piedra gris e inerte volando hasta la cabeza de una puta,
mis zapatillas con olor a humedad y mucho barro pegado,
el piso empantanado de ausencia,
Marina huyendo al bosque,
los abuelos perdidos en algún recuerdo mugriento,
todos los juguetes donados,
las oraciones que se susurran de una cama a la otra vacías y sin verbos,
quien quiera que sea esa que trajiste se esta peinando en el ropero,
y vos que no salís de esa hoja,
despertarte bien despierto
y con la vista bien enfocada,
que no quedan lenguas en el tarro,
que no quedan más pasos de baile,
y que siento que hay minutos
que parecen décadas,
y siglos
que parecen horas,
que si me pongo los anteojos veo menos,
y que comerse las uñas no extermina los nervios:
vos dibujado en un cuaderno viejo,
yo soplando las velitas de algún cumpleaños al que no fuiste,
la vieja de arriba gritando bingo con sus amigas,
el reloj naranja de la cocina que se para siempre a las tres y media,
la heladera con verdura achicharrada por el tiempo y el frío,
la música tan baja que no se sabe quien canta,
aquellos suspirando el polvo de los libros románticos,
la película sin que nadie la vea,
el sillón lleno de manchas amarillas,
la comida en la mesa, sin plato, sobre el mantel,
la esquina perdida en la neblina,
el otro durmiendo tranquilo en su cama,
la mierda acumulandose en el baño,
el vidette tranformandose en revistero,
mis viejos tan lejos que no se darían cuenta aunque se lo gritara desde acá,
los peces pescados,
el agua sucia y en un pozo,
la muerta naciendo de nuevo,
la piedra gris e inerte volando hasta la cabeza de una puta,
mis zapatillas con olor a humedad y mucho barro pegado,
el piso empantanado de ausencia,
Marina huyendo al bosque,
los abuelos perdidos en algún recuerdo mugriento,
todos los juguetes donados,
las oraciones que se susurran de una cama a la otra vacías y sin verbos,
quien quiera que sea esa que trajiste se esta peinando en el ropero,
y vos que no salís de esa hoja,
despertarte bien despierto
y con la vista bien enfocada,
que no quedan lenguas en el tarro,
que no quedan más pasos de baile,
y que siento que hay minutos
que parecen décadas,
y siglos
que parecen horas,
que si me pongo los anteojos veo menos,
y que comerse las uñas no extermina los nervios:
coloreate y respirá,
que no sé contar más que hasta diez,
y algo me hace pensar que ya estamos solos.
que no sé contar más que hasta diez,
y algo me hace pensar que ya estamos solos.
Patricio M. Ruiz.
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