Para el país del sol de noche,
donde duermen sin parpados,
es la misma distancia,
de acá para allá,
que de allá para acá.
El problema es la cárcel
que representa el allá,
porque de acá se vuelve,
y de allá no.
La distancia:
una carga de adrenalina
y el pelo teñido de gris
por un último grito agudo,
cerrar las manos alrededor
de otra mano
y dejar a los nervios
expuestos a su suerte.
Patricio M. Ruiz
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