La Bestia.



El problema de la bestia es respirar. Cuando respira la bestia hace mucho ruido, como el viento pasando por una cueva en el mar, llena de arena y salitre, y si no respira la bestia esta muerta.

Tiene garras y colmillos, y una voraz atracción por los moretones y los sobresaltos.


Hay siestas en las que ni siquiera miro a quien tengo al lado,

simplemente dejo que comparta la cama conmigo. Pero esta bestialidad era distinta.

Tus clavículas eran únicas, singulares, y no podía esperar más.

Fueron dos o tres siestas, tal vez hubo una cuarta en la que vos dormías y yo te clavaba la vista, y por eso no puedo llamarla siesta,

pero no pude evitar

chuparte las clavículas

acabar sin vos

y dejarte la marca de mis dientes

casi hasta astillarte el pecho.

Me corrí a un lado, casi desnudo, tapado por el invierno, y te despertaste gritando, viendo la sangre que te resbalaba sobre la tetilla y llegaba hasta tu ombligo. Mis dientes te quedaron grabados sobre el cuello y más abajo, sobre el instante en que te vi bajo tanta vulnerabilidad.

No hablaste.

No lloraste.

No me reconociste.

En tu mirada nacía una pregunta, y me pare frente a vos, en la cama y desnudo te respondí:

soy un instante cualquiera en la vida de un picaflor,

ese segundo de un día de existencia, mil vidas por segundo aturdiendo las palmeras de un caribe al que no vamos a llegar

y las copas de los bosques que cultivas en tu cabeza.

Y a veces soy el río que se apresura sobre los bordes y dobla tus arcadas, pero solo cuando te acostás sobre mi almohada que late y te dormís todos los sueños con las piernas trepándome como una enredadera.

Es ahí donde soy animal, en la espesura de palabras que se atrancan en la lengua sucia y roncan fuerte con sonido a bestia. Ese soy yo.

Soy esto, o la nada.

Y sin dejarme terminar me agarraste de la mano y me empujaste hacia vos.

Me susurraste algo al oído y creí sentir tus labios y lengua rozándome la oreja,

y dos minutos después, dos o tal vez muchísimo menos, mis dientes volvían a clavarse sobre tus clavículas hinchadas.

Patricio M. Ruiz.

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