Fin, principio y fin del pez volador.

Soy el pez que contruye un nido. Un nido de pájaro con escamas gruesas. Gruesas las lágrimas del mar quebrado por la mitad. Mitad de lugares que había nadado pero jamás volado. Volado o no sigo respirando por branqueas que se cierran y se abren, y no hay nada más. Más paja necesito si quiero que no me agarre la noche a medio terminar. Terminar porque nunca me gustaron las cosas a medio hacer ni las botellas a medio llenar. Llenar el nido con lágrimas otra vez para no morir de sequía. Sequía por la que, ironicamente, viviendo entre corrientes calidas me deje comer. Comer, y vomitar, comerme a mi mismo, a mis aletas, a mis burbujas, ni una sola alga bailando para arriba, acá las algas no se peinan, se caen por su propio peso. Peso a peso ir pagando, desde lo más denso hasta lo más amargo. Amargo el sonido de los pájaros que me señalan como el distinto. Distinto sería si me dejo cazar y ser alimento de pichones malcriados. Malcriados mis pensamientos y caprichoso de ser lo que en verdad soy. Soy el pez que construye un nido. Un nido de pájaro con escamas gruesas. Gruesas lágrimas del mar quebrado por la mitad.


Patricio M. Ruiz.

No hay comentarios: